martes, 10 de enero de 2012
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Una vez, el dia de año nuevo, vi a una muchacha a la puerta de una casa. Al otro día, a las nueve de la mañana ya estaba borracha perdida, desgreñada, medio desnuda y cubierta de contusiones; tenía la cara empolvada y los ojos acardenalados; sangraba la boca y la nariz; un cochero acababa de darle una paliza, Estaba sentada en el escalón de piedra con un trozo de pescado salado en la mano, chillando a más no poder, quejándose de su mala suerte y dando golpes en el escalón con el pescado, rodeada de un grupo de soldados borrachos que se burlaban de ella. Tu no crees que algún dia serás como ella ? Yo tampoco quisiera saberlo, pero quien sabe? Hace diez años esa misma chica vino aquí lozana como una rosa, inocente y pura, sin saber l que es el mal y ruborizándose cada vez que pronunciaba una palabra. Quizá era como tú: orgullosa, sensitiva en nada semejante a las otras; parecía una reina y sabía que haria enteramente feliz al hombre que se enamorase de ella y de quien ella estuviese enamorada. Pero ves como acabo aquello ? Y que , si en el momento mismo en que, ebria y desgreñada, daba golpes en el mugriento escalón con ese pescado se acordaba de sus tempranos años inocentes en la casa paterna, cuando iba todavía a la escuela y el hijo del vecino la esperaba en el camino y juraba que la querría durante toda su vida y pondría su porvenir en sus manos? No, Liza, tendrás suerte, mucha suerte, si te mueres de tisis en algún rincón
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